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La información nunca está protegida

Ya no te acuerdas de mí, ya no me quieres

Por:

…Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños,
 y su adversario de ajedrez más compasivo,
se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria
con un sahumerio de cianuro de oro…
Gabriel García Márquez, El Amor en los tiempos del Cólera

El día dos de octubre, dentro de un año se cumplirá exactamente medio siglo de una acción política torpe y salvaje, que dio literalmente el escopetazo para una transformación radical de la sociedad mexicana: la noche de Tlatelolco. Una transformación que avanzó sustancialmente con los temblores de 1985, motivada por la tullida reacción de las instituciones del poder –del Canal 2 de televisión a la Presidencia de la República- pero que no acabó de llegar a su nunca definida meta.  Lograr una sociedad moderna y democrática.

Desde hace tiempo, el slogan hueco de que dos de octubre no se olvida ha sido entonado principalmente por jóvenes que no habían nacido en 1968 o acaso eran niños ajenos a lo que pasó en las semanas previas a los juegos de la XIX Olimpiada.

Finalmente, los acontecimientos de Tlatelolco le dieron la razón a la institución del poder político: la memoria colectiva es breve y el olvido termina por perdonarlo todo. A ese corolario ayudó también el oportunismo de todos los que quisieron adueñarse de la bandera del dos de octubre para sus fines políticos.

Tengo para mí que nuestra actual preocupación debiera ser que no se nos olvide lo que estamos viviendo en estas semanas. Por su raigrambre de corrupción e ineficiencia, que amerita castigos y por la loable manifestación de solidaridad y compasión que hicieron los mexicanos que merece agradecimiento. Si eso se nos olvida, no seremos dignos de nuestro pasado.

PILON.- Los resultados del plebiscito de ayer sobre buscar o no la separación de Catalunya del estado español, son francamente irrelevantes; no por carecer de una validación oficial o haber sido impedido casi por la fuerza por las policías nacional y local. Lo que no podemos negar es que el movimiento separtista de los catalanes, indica a una tendencia que a partir de la integración europea creíamos desaparecida. La lógica política nos decía, o eso creíamos, que el nacionalismo había sido derrotado junto con Hitler en 1945 y que el único camino acertado eran las uniones multinacionales en aras de una globalización que iba como Johnny Walker, tan tranquilo de campante. Ahora resulta que el Brexit no fue una tontería que los viejitos aprobaron en Gran Bretaña por la apatía de los jóvenes. Hay un resquicio de nacionalismo de tribu en cada uno de los europeos. Por lo menos de los catalanes. Y los vascos, y los franceses, y los italianos. Puede que algo de ello quede en los estados alemanes.

felixcortescama@gmail.com

 

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