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El otro dìa en la Ciudad de México se sentaron a una mesa dos de los precandidatos llamados independientes a la presidencia de nuestro país. Armando Rìos Piter y Jaime Heliodoro Rodríguez ni son candidatos ni son independientes. Ambos son priístas de vocación y brincacharcos de inclinación. El objeto de su reunión fue negociar la declinación de uno de ellos a favor del otro, visto que ninguno de los dos ha logrado figurar en los medios como merecedores de algún apoyo entre los votantes potenciales digno de tomarse en cuentra. Desde luego que la alianza no se produjo.

Por el momento.

El fenómeno nuevo de las candidaturas independientes no es invento del gobernador con licencia de Nuevo León aunque él haya sido el principal beneficiario hasta ahora. Fue Jorge Castañeda Gutmann, consciente de su elevada exposición mediática, el que vino con la idea de postularse sin el apoyo logístico y las complicidades de los partidos políticos registrados. Inteligente como es, Castañeda se dio cuenta de que la idea no tenía futuro y se retiró.

El sistema político mexicano, el PRI en el poder, vio sin embargo en las candidaturas independientes una oportunidad que necesitaba con urgencia: un instrumento para restarle votos a su principal oponente y potencial triunfador, Andrés Manuel López Obrador.

Se trata simplemente de un ejercicio de memoria.Ni Vicente Fox Quesada ni Felipe Calderón Hinojosa ganaron sus respectivas elecciones presidenciales. Fue el PRI el que las perdió. El hartazgo acumulado durante decenios de presidentes priístas fomentó preicsamente el voto antipri.De manera particular los dos últimos sexenios, especialmente el de Zedillo, nos tenían hasta la coronilla. Cualquiera, menos Labastida o Madrazo, independientemente de los merecimientos que hubiesen podido tener. Se trataba simplemente de un voto de rechazo.

Aunque suene poco creíble, porque ahí no abunda el talento, alguien en el aparato de gobierno actual se dio cuenta de que enfrentan una situación similar. El voto antipri se ha incubado mucho tiempo y se va a manifestar el primer domingo de julio, con las consecuencias previsibles.Entre esas consecuencias figuran el desplome del sistema político mexicano, el quebranto a la infraestructura económica ante el temor de un giro venezolano a la política populista anunciada, y el aislamiento inevitable frente al socio y vecino más importante que tenemos.

Ante esta realidad es necesario dividir el voto antipri. Y a eso le está apostando el sistema. Convencer al llamado Bronco de lanzarse a una candiatura ciega a cambio de la promesa de un estipendio jugoso en el siguiente sexenio priísta no era difícil. De eso él sabe un cacho. Si además la fragmentación se adereza con las candidaturas “independientes” de Ríos Piter o la señora de Calderón la pálida campaña de José Antonio Meade Kuribreña puede adquirir cierto color. Hasta podría convertir en creíble un triunfo suyo en las urnas. Eso, pese a la torpe y hueca precampaña que parece haber sido diseñada por su peor enemigo. Por eso se hace circular la especie de una sustitución de candidato, como si ello fuera posible. Como si entre los cuadros del PRI hubiesen tenido, durante cinco años, un buen candidato.

Pero eso ya es historia. Agradezcamos al sistema que a partir de hoy vamos a tener una aparente tregua –en esta democracia todo es aparente- de los spots publicitarios que tenemos que soportar. Sí, pero no. De todos modos tendremos a los partidos hasta en la sopa.

Como diría José Alfredo, qué triste me espera el porvenir.

felixcortescama@gmail.com

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