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Ojeroso y pintado

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Me lo contó Beatriz Espejo en Filosofía y Letras de la UNAM. En la casa de su madre trabajaba un mozo-chef-mesero que era gay.

Una noche, brindaron una cena a Agustín Yáñez, el consagrado autor de Al filo del agua, porque lo habían nombrado Ministro de Educación.

Yañez era macho calado de Jalisco y por tanto un homofóbico de lo peor, así que apenas llegó a la cena en su honor, comenzó a despotricar contra los gays.

Al mismo tiempo, dudoso, se la pasó preguntando a los comensales si consideraban su novela a la altura de las grandes obras de la literatura mexicana.

A la hora de servir el primer tiempo, el mozo se le acerca al oído a Yañez y le dice bajito: “para escritores, Juan Rulfo”. Y se fue.

A los postres se vuelve a acercar el mozo a Yañez, que seguía súbito y le dice: “para ministros, Torres Bodet”.

Yañez ya no aguantó más, se levantó en silencio y se marchó de la casa.

¿Salió ofendido? No, el mozo explicó la verdad: “para homofóbicos, el aceite de ricino”.

eloygarzamandela@icloud.com

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