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La Barca de Oro

Por:

Cristina: descansa en paz.
Para Joaquín, mi afecto de siempre.
Patra los Cancino López-Dóriga mi abrazo solidario.

Me cuento entre los indecisos sobre su preferencia electoral para el primer domingo de julio de este año, a fin de elegir a nuestro próximo presidente; entre ese grupo numeroso de gente corre la conseja de que Pepe Meade –ahora se estila decirle así, cuando en televisión los conductores le hablábamos de usted a cada presidente municipal- es lo menos peor que nos podría pasar.

Miserable país en el que se busca lo menos malo cuando se debe aspirar a la excelencia.

José Antonio Meade, en la opinión pública, no acaba de prender. En su haber puede presumir grados académicos y experiencia administrativa. No es poco capital una honestidad que, habiendo pasado dos veces por las tentaciones de la Secretaría de Hacienda, no haya persona que pueda detectarle un rabo por pisar. Sin embargo, aquí y en China los ciudadanos no votan por los sabios y expertos administradores que no se robaron lo que tenían a la mano, sino por personajes con carisma y arrastre.

Bueno no es el caso de China, porque ahí nunca han votado.

El problema principal de la candidatura de Meade es que su jefe de campaña –un políticamente lampiño Nuño– no ha entendido de que si Meade ha de ser Presidente de este país sólo puede serlo por dos caminos. El primero es el del fraude electoral, que ya se está armando, para ganar la presidencia –y las diputaciones y las senadurías y lo que se ofrezca– aunque se pierdan las elecciones. Cueste lo que cueste; ya un día el sistema de conteo de votos se cayó y no es imposible que lo vuelva a hacer. Ya vimos el berenjenal en el que el señorito doctor Lorenzo Córdoba Vianello, capitoste del INE, metió a su institución en los sistemas de acopio de simpatías de los candidatos independientes. Está capacitado para cualquier chanchullo.

Ahora, este pueblo azteca vive de dos constantes históricas: su gusto por la sangre y su adherencia a los ciclos temporales. Cada equis tiempo los antecesores nuestros veían un fuego nuevo, una esperanza, un renacimiento de movimiento perpetuo. Pero cada nuevo ciclo requería sacrificios propiciatorios.

Por eso cada sexenio los mexicanos vamos con la renovada esperanza y exigimos el fluir de la sangre.

Si Meade quiere ser legítimo presidente de México tiene que romper con el pasado inmediato. Hay que llevar a la piedra de los sacrificios lo que huela a viejo. Condenar con el verbo y amenazar con la justicia a los corruptos notorios y apartarse en lo esencial del Presidente Peña Nieto. Como lo hizo Colosio de Carlos Salinas.

Lo van a matar entonces, me dice mi mujer entre muchos otros que me escuchan. Quiero creer que nuestra salvaje entraña no comete el mismo error dos veces.

Si esto no se hace, esta campaña es solamente la barca de oro para que Pepe Meade sólo venga a despedirse.

Para conocimiento de aquellos a los que les interese, el candidato Pepe Meade se desvivió en Veracruz en elogios de Carlos Romero Deschamps, el dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.

Como diría Mauricio Garcés: Arroz..!

felixcortescama@gmail.com

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