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Entre Krauze y López Obrador

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Hace días se encendió una polémica sobre la filiación ideológica de Jesús Silva Herzog y Enrique Krauze, entre otros intelectuales mexicanos. Según Andrés Manuel López Obrador son conservadores, y por lo tanto miembros de la “mafia del poder”. Krauze, en cambio, se acoge a la herencia liberal de don Daniel Cosío Villegas.

Aclaremos posiciones. Que López Obrador los acuse de ser conservadores, no lo hace a él mismo un liberal. Cosío Villegas, aunque iba por la vida con la bandera del liberalismo, en realidad fundó instituciones públicas: fue abiertamente (y a mucha honra según él) un estatista cultural.

Ahora bien, ¿qué tan liberales eran los liberales mexicanos en el siglo XIX? Juarez, prototipo del liberalismo, fue acusado por liberales de prosapia como Guillermo Prieto de ser un perfecto dictador. Es decir, no buscaba la libertad sino el control político absoluto.

Puede ser. Valdría la pena entonces enfocar el término liberal en alguien que sin controversias de por medio, es considerado, para bien y para mal, como el liberal más puro: Melchor Ocampo. Sin embargo, el propio don Melchor nunca fue tan tajante en esta división entre liberales y conservadores. Más bien le gustaba imponer matices y fronteras difuminadas.

Para saber si don Melchor se asumía o no como liberal, nada mejor que leer Mis quince días de ministro, publicado en 1856. En este texto, el autor se denomina liberal, pero se de inmediato se apresura a aclarar que tanto su conducta pública y privada como su círculo de amigos está compuesto por moderados. Así que mejor divide las ideologías en pugna en “progresistas, conservadores y retrógradas”. O sea, de liberal, nada.

Los moderados, establo en el que se incluye, son el “eslabón entre puros y conservadores”. Ignacio Comonfort zanjó esta diferencia en su breve paso presidencial, de 1855 a 1858, formando un gabinete equilibrado entre progresistas y conservadores (que según los estándares de la época jalaban del mismo lado, contra los retrogradas, que para ellos, eran los verdaderos malos de la película). Melchor Ocampo proponía, sin ironizar, que el gobierno de Comonfort debía ser más bien una dictadura (un régimen que, contra lo que se cree, no estaba tan desprestigiado en aquel entonces, cuando se entendía como sinónimo de hombre fuerte).

Tanta ambigüedad semántica vuelve extraño y por demás ocioso, tildar ahora a un intelectual mexicano como Krauze (tan dependiente del poder político), como conservador o considerarse él mismo como liberal. En realidad una denominación como la opuesta son anacrónicas: están fuera de lugar. Preferible que un político o un escritor actúe como demócrata, estatista o en su defecto, autoritario, o vendido al gobierno en turno. Esto aclara un poquito mejor las cosas y obliga a centrar el debate en asuntos más urgentes y perentorios para nuestro país.

eloygarzamandela@icloud.com

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