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El año viejo

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Lo mejor del 2017 es que ya terminó. Lo peor del 2018 es que todavía le faltan 364 días para irse.Si el año pasado estuvo vestido de rojo violento por el creciente poder del crimen organizado o no (con el mayor número de homicidios dolosos de la historia),  amarillo bilis por la frustración y coraje que nos proporcionó la administración con el impacto que a nuestra economía familiar propinaron sus actos (sin limitar el asunto al llamado gasolinazo)  y azul triste por la permanente carencia de perspectivas o esperanzas,  solamente remarcadas por los destozos que la naturaleza nos causó,  2018 viene de un gris rata subido. Ese debe ser el color de la incertidumbre y la zozobra.

La guaracha dice que yo no olvido el año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas. Entre otras cosas, dice el gracejo, me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra. Ojalá que se pudiera decir eso del 2017. Pero eso ya es historia.

El año que hoy iniciamos ofrece la única ventaja, al irse, es que se va a llevar mucho del lastre que los mexicanos hemos tenido que soportar por decenios.

Si de algo podemos estar ciertos los mexicanos es que las elecciones del próximo julio será las últimas que se harán con el esquema actua. Ni la ley electoral apresuradamente remendada y rejodida, ni el elefante blanco que se llama Instituto Nacional Electoral allá por donde comienza Xochimilco podrán superar la crisis institucional con la que comienza hoy el 2018.

En paralelo, si los partidos políticos tradicionales no entienden que se les ha ido el camión de la historia, van a tener que desaparcer. Es una ironía amarga como todas que serán los vivales que se acercaron a recoger las migajas de las minorías apáticas para volverlas partidos marginales en su beneficio personal, los que habrán de convertirse en los beneficiarios de esta crísis política.

Ya lo vimos claramente en España en donde los Ciudadanos y el Podemos se treparon a las barbas del Partido Popular y del PSOE, treparon a su cabeza y se han constituído como el fiel de la balana de todos los procesos electorales en ese país. Las elecciones de 2018 en México, pronostica todo aquel capaz de hacer un pronóstico –y eso significa casi el cien por ciento de los mexicanos- las mayorías se contarán en números bajos y la diferencia la van a marcar los verdes, los violeta, los naranja, precisamente los que no representan, ni les interesa,a representar a una mayoría. He ahí la paradoja más insensata.

Resucitado o no el Tratado de Libre Comercio con Canadá y los Estados Unidos el país no puede seguir sobreviviendo con una econoía difusa y dispersa, sin rumbo y sin timonel. De las tres principales fuentes de ingresos de divisas a México, sólo las divisas que nuestros paisanos que tuvieron que huir de un país injusto envían a sus paisanos son confiables. Deibéramos abandonar como recurso base al precio del petróleo –que los politicos mexicanos no acaban de entender que ya acabó su función histórica como energético contaminante- e iniciar la carrera en busca de fuentes alternaativas de energía, carrera en la que ya llegamos tarde. El turismo, la tercera fuente, oeligra con cada matanza en Guerrero o Tamaulipas.

El otro imperativo, por consecuencia directa,  es la reforma del sistema político nacional, la elaboración de una nueva Constitución, inteligente, breve y clara, que deje establecido sin lugar a dudas el papel de las fuerzas armadas en el correr cotidiano de la Nación.

Ahora, si lo prefieren, hay todas las condiciones para un golpe miitar de estado: tenemos un ejército harto, preparado y mejor armado, y una retahila de gobiernos civiles que no han podido con el paquete.

Por eso yo no añoro el año viejo; ni espero con entusiasmo el nuevo.

felixcortescama@gmail.com

 

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