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¿Culpable soy yo?

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Muy poco aprecio y respeto le tienen en Los Pinos al cacareado nuevo sistema penal acusatorio, que en innumeras instancias hemos denunciado como defensor de los peores criminales que son liberados por torpeza en el ejercicio de la acción penal, o proceso mal armado y peor ejecutado. Yo no sé si fue el propio Presidente Peña o alguno de los cuidadosos vigilantes de la imagen de Peña, pero alguien transformó como por arte de magia la imagen de un sonriente compañero de travesía en lancha con el Presidente, en un indeseable personaje que no debe aparecer en el portal de internet de la casa presidencial.

Hace tres días la cuenta de twitter de Peña Nieto presumía la visita del Presidente al bellísimo Cañón del Sumidero en Chiapas. Le acompañaba, sonriente y compartiendo con su anfitrión los pulgares al alza y la fotografía gratísima el chiapaneco cantautor de música banda que se hace llamar Julión Álvarez, así como el gobernador del estado. Los tres en una pequeña lancha.

Fue suficiente que el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos diera a conocer que está investigando a 22 mexicanos sospechosos de ser prestanombres para lavar el ilícito dinero que el supuesto narcotraficante Raúl Flores les encargaba. Entre esas 22 personas se encuentran Julión Álvarez y el capitán de la Selección Mexicana de Futbol Rafael Márquez.

Ambas personalidades del ámbito público se han apresurado a negar los cargos y a cancelar sus próximas apariciones en público.

Es obvio que ninguno de los 22 implicados en tan serio negocio son culpables de nada, mientras no se demuestre lo contrario. Ese es el principio básico del sistema acusatorio de procuración de justicia. Para la Presidencia de la República mexicana ya Julión está juzgado y condenado a la desaparición del privilegiado sitio del que momentáneamente disfrutó. Seguramente que Rafa Márquez dejará la capitanía de los ratonictos verdes; la mera acusación del Departamento del Tesoro, que por su lado ya congeló las cuentas bancarias que los dos célebres mexicanos tengan o pudiesen tener en territorio de los Estados Unidos. Si alguien se atreve a hacer algún negocio con las siete compañías que Márquez tiene y las tres vinculadas a la música de Julión, se hará acreedor a una sanción por parte del  Tío Sam.

Por principio, todos tenemos que sostener que nuestros paisanos son inocentes; el asunto no es fácil. Los que acusan dicen que los vínculos de las compañías de Rafa Márquez con el lavado de dinero tiene ya veinte años. En el caso de Álvarez son solamente diez años.De cualquier forma, principios son principios y en las próximas semanas sabremos si Márquez se despide del futbol como capitán de la Selección Mexicana en la Rusia del año electoral o simplemente se despide.

Sea lo que sea, lo único indudable es que las instituciones sociales, entre ellos los medios de comunicación, han dedicado desde siempre sus empeños en tratar de inventarnos ídolos de pies de barro para que nuestros jóvenes admiren y sigan.

Aunque luego tengan que quitar presurosos los retratos colgados en las paredes del mausoleo celebratorio. Lo único deseable es que esto se aclare a satisfacción de todos. Incluyendo al ocupante de Los Pinos.

felixcortescama@gmail.com

 

 

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